José María Ramos

José María Ramos, in memoriam

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“Algo se muere en el alma cuando un amigo se va”, dice la letra de una célebre sevillana. Y “mucho se pierde en la administración cuando un buen funcionario se va”, añado ahora al conocer la muerte de José María Ramos Rodríguez, fallecido el pasado 30 de enero a los 76 años.

Ingeniero agrónomo por la Escuela de Ingenieros de Madrid, José María Ramos desarrolló gran parte de su carrera administrativa en el Instituto de Relaciones Agrarias (IRA), justo al comienzo de la transición democrática, allá por 1977. Allí, en ese organismo autónomo del Ministerio de Agricultura (más tarde convertido en el Instituto de Fomento Asociativo Agrario, IFAA) Ramos fue testigo privilegiado del paso del sindicalismo vertical al sindicalismo democrático; de la disolución de las viejas corporaciones del franquismo, y de la emergencia de las nuevas organizaciones profesionales agrarias. Registró con una meticulosidad extraordinaria las primeras elecciones democráticas a Cámaras Agrarias en 1978, observando con la pasión de un entomólogo la fase inicial del proceso de organización democrática de los agricultores, así como su posterior desarrollo. Vivió de primera mano los diversos acuerdos y fusiones que se produjeron entre el centenar de organizaciones surgidas entonces, y que conducirían a la consolidación de las tres grandes asociaciones (ASAJA, COAG y UPA) reconocidas hoy por los poderes públicos como las más representativas del sector agrario español.

Ramos ordenó abundante y valiosa información sobre todo ese proceso, conociendo directamente a todos los dirigentes que fueron clave en la creación del sindicalismo agrario en España. Su despacho en el IRA estuvo siempre abierto a personas como Javier López de la Puerta, Alicia Langreo, Antonio Ortiz de Landázuri, Felipe González de Canales, Mateo Sierra, Pep Riera, Gonzalo Argilé, Goyo de la Fuente, Joan Ramón Peris, José María Giralt, Miguel Manaute, Joaquín Pérez de Obanos, Vicente Bernáldez, Fernando Moraleda… y tantos otros líderes sindicales (algunos ya desaparecidos) a los que, cumplidos ya 45 años del comienzo del sindicalismo democrático en la agricultura española, se les debe un reconocimiento por lo que ellos significaron.

Ramos supo valorar lo que cada uno de esos dirigentes representaba para el proceso de vertebración de los intereses agrarios. Y con su buen hacer como funcionario del IRA e IFAA, y luego desde el gabinete del Subsecretario del Ministerio de Agricultura, actuó de interlocutor idóneo para tejer redes de colaboración, propiciando numerosos encuentros y dinámicas cooperadoras para hacer posible la consolidación en nuestra agricultura de un panorama asociativo homologable al del resto de países de la Unión Europea.

José María Ramos fue no sólo una persona apasionada del sindicalismo agrario, sino también una persona generosa. Nos abrió puertas a los jóvenes que desde el mundo académico nos acercábamos en esos años finales de 1970 al mundo de las organizaciones profesionales para estudiarlo con el detalle y el rigor que se le exige a toda investigación de naturaleza científica. El conocimiento enciclopédico que Ramos atesoraba de ese mundo, así como su amplio campo de relaciones y sus buenos consejos, fueron de gran valor para todos los que nos adentrábamos entonces en un tema tan complejo como el del sindicalismo agrario.

Tuve la inmensa suerte de conocerlo al empezar mi tesis doctoral en 1978, y desde entonces fue un verdadero guía para orientarme por el mundo de las organizaciones profesionales agrarias, desarrollando con él una amistad que ha perdurado hasta su fallecimiento. Su amistad, y mi respeto hacia lo que de ayuda había representado para mi proyecto de investigación, hizo que fuera él quien presentara en 1984, en la sede del IRA, en la calle José Abascal de Madrid, mi libro “Corporativismo y agricultura: articulación de intereses y organizaciones agrarias en España”, editado por la Serie Estudios del Servicio de Publicaciones del Ministerio de Agricultura. Más tarde, un inolvidable viaje a Hungría, con la Asociación Española de Economía Agraria, en 1985, y otras experiencias ligadas al estudio del sindicalismo agrario europeo, me permitieron conocer mejor a un funcionario ejemplar y a una persona buena, llena de vitalidad y generosa hasta la médula.

Descubrí, además, la gran pasión de Ramos por el mundo del cine. Con el seudónimo José Luis Mena, publicó hermosas ediciones de diversos temas y aspectos de la cinematografía, en unos años en los que la ausencia de los formatos digitales convertía su trabajo en una verdadera obra de arte del diseño gráfico.

Descanse en paz José María Ramos, un buen ejemplo de funcionario al que el mundo del sindicalismo agrario debe estarle sumamente agradecido. Por la pasión con que lo vivió, pero también por su contribución desde el Ministerio de Agricultura a consolidar en nuestro país un panorama asociativo equiparable al existente en una UE a la que nos integramos en 1986.

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