Jabalí. Por Leopoldo de Castro. Creative commons.

Garduña y gavilán se empadronan en el pueblo

Jabalíes y zorras están rellenando la solicitud para convivir con la vecindad sin problemas. ¿Se están humanizando los animales salvajes? Creo que no. Más bien son valientes oportunistas.
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A eso del atardecer, entro en un callejón orientado al sur y en la ventana más alta de una casa grande oigo un fuerte aleteo. Acabo de sorprender a un gavilán que se espanta volando despavorido. Veo que se encontraba ya en su dormidero. No hay restos de haber devorado allí ningún pajarillo.

Lo había observado varios días entre los árboles de los alrededores del pueblo y pasar como una centella por alguna calle. Gorriones y otros pajarillos aterrados ante su presencia, al igual que los estorninos, que aunque son presas algo grandes para su corpulencia tampoco les hace ascos. Y eso que no están entre sus favoritos.

Resulta bastante extraño que el gavilán, un ave de presa bastante arisca, que habita principalmente en los bosques cerrados, encuentre en el casco urbano su zona de caza y vivienda favoritas. No entiendo tal comportamiento, porque en los bosques cercanos hay abundancia de pajarillos, aunque quizás los gorriones sean más torpes y fáciles de dar caza entre las callejuelas cuando picotean en grupo o en solitario en el suelo.

Además, supuestamente en el bosque se puede camuflar con más facilidad para atrapar a sus pequeñas presas al moverse con enorme soltura entre la vegetación, debido a que posee una cola larga y ancha que le sirve de timón para cambiar de dirección con gran facilidad.

Todavía no he encontrado los restos de las piezas que caza. Seguro que tiene su comedor y posadero en algún tronco de árbol por las cercanías del pueblo.

La astucia de la garduña

Hace dos o tres años que este mustélido le había matado las gallinas a Dionisia y no se tenían noticias suyas. Sin embargo, esta temporada hemos comenzado a ver algún excremento por los sitios más limpios del pueblo. ¿Se trata del mismo ejemplar?

De su convivencia con los gatos sabemos poco, al igual que de sus andanzas. Animal de costumbres nocturnas, se mueve como un fantasma y como despensa en la localidad tiene ratones, pájaros y alguna paloma que pueda atrapar durmiendo en el hueco de una pared. De su destreza y ferocidad cazando nadie tiene dudas, y tampoco de su eficacia. Quizás habite en el pueblo porque encuentra camas mullidas y calentitas de paja en algunas cuadras donde pasa los días fríos dormitando.

Por otra parte, en sus trasnochadas callejeras apenas encuentra enemigos como en el monte, a no ser que se tropiece con algún zorro. Como apenas hay perros se mueve a sus anchas sin temor a ser atacada. No obstante, no deja de ser una apasionante aventura que un animal salvaje al igual que el gavilán se introduzca en la civilización sin conocerla.

¿Humanizados o oportunistas?

Existe numerosa literatura sobre la colonización de las ciudades por diferentes animales salvajes; mamíferos y, sobre todo, aves. Y también diversas teorías sobre la humanización de éstos al convivir más cerca del ser humano. Pues esto último lo dejo en duda.

Pongamos por ejemplo al gorrión, pájaro clásico de la ciudad y pueblos desde hace miles de años. Atrapemos un gorrión común adulto y si no lo cogemos bien con las manos nos dará un picotazo en el dedo que hace daño. Y si lo metemos en una jaula se muestra mucho más arisco que si introducimos, por ejemplo, un jilguero. ¿Está humanizado el gorrión? Pues no, puesto que si fuera así nos libraríamos de su picotazo. Sencillamente, habita en el pueblo o gran ciudad porque ha encontrado ventajas para alimentarse y para vivir con más comodidad que en el campo.

En tiempos de pandemia hemos visto numerosas imágenes de jabalíes hozando en parques y jardines con total tranquilidad sin importarles apenas la presencia humana. También los observamos robando comida a excursionistas y levantando cubos de basura con la jeta. Pero intentemos coger uno pequeño, un rayón, para acariciarlo y sufriremos un ataque furibundo y peligroso de la madre.

Por los alrededores de Aragoncillo anda una piara de jabalíes bastante numerosa. No han entrado todavía al casco urbano, pero no tardarán, pues el olor de los cubos de basura los atrae como moscas a la miel. Y si en el campo escasea la bellota, como es el caso de esta temporada por estos parajes, cualquier día harán algún destrozo.

Admiro a todos estos animales y creo que son muy valientes por entrar en el dominio de las personas. Ellos también tienen sus emociones y seguro que no lo han pasado nada bien los primeros días de su estancia en el pueblo hasta que se han amoldado. De hecho, estos días de fiestas y llegada de más gente al pueblo no he visto por ningún lugar al precioso gavilán.

Recuerdo cuando fui la primera vez desde el pueblo a Madrid: me encontraba abrumado y me parecía extraño que se cruzaran tantas personas sin saludarse. Odiaba entrar en el metro y prefería andar y andar. Era un animal más que se tuvo que adaptar a la jungla humana.

La zorra descarada

En Peñalén estos años atrás una zorra se acercaba a la puerta del Bar Navajo para que le dieran de comer. Y una vez harta, hasta luego y ya vendré cuando tenga hambre. Y lo curioso es que uno de los vecinos que la alimentaban era el único pastor del pueblo con un argumento bastante convincente: “Si le doy de comer así no tiene hambre y no me mata ningún cordero”. Al principio comía de todo, pero luego se fue especializando y primero se comía la “chicha” y otras viandas más apetecibles y dejaba el pan para lo último.

Un ejemplar de zorro acercándose a los vecinos en la localidad de Aragoncillo (Guadalajara).
Un ejemplar de zorro acercándose a los vecinos en la localidad de Aragoncillo (Guadalajara).

Hace más de 50 años no se hubiera atrevido a pasear por el pueblo, porque algún perro la hubiera dado caza. De manera que, en este caso, la zorra se ha hecho más pueblerina y cercana al hombre ante la escasa presencia de enemigos y de presencia humana. Al igual que sucede en Aragoncillo, tiene que estar muy escaso de piezas su territorio como para tener que arriesgarse hasta entrar casi al centro del pueblo.

Los perros, gatos, caballos… sí que los ha domesticado el hombre por su propio interés a lo largo de los años, pero no así como otros animales utilizados para atracciones humanas como los circos y zoológicos. Los primeros los han domado y los segundos viven como si estuvieran atontados sin poder exhibir ni desarrollar sus facultades.

Cada vez que veo como se intenta humanizar cada día más a las mascotas, siento un escalofrío, pues perderán poco a poco sus instintos y así se volverán más vulnerables hasta que se pierda su estirpe.

Esos documentales que vemos a veces en los que una manada de leones convive con un ser humano en plena naturaleza nada tiene que ver con la humanización de las fieras. Han sido éstas las que han tolerado que el hombre sea su amigo, uno más de la familia.

No olvidemos que si la mayoría de los animales huyen del hombre es porque saben que es el mayor depredador sobre la tierra.

Foto destacada: Jabalí. Por Leopoldo de Castro. Creative commons.

1 comment

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  2. Eduardo Moyano Estrada trada 18 diciembre, 2021 at 06:19 Responder

    Genial Jenaro, como siempre, mezclando información y lirismo en sus textos sobre la naturaleza. Veo, desde mi ventana, unos jabalíes escudriñando en los contenedores de basura.

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