Bandada de estorninos. Autor: M. Rey (Creative commons)

Estorninos: de la belleza de sus vuelos a terror de los agricultores

Las grandes bandadas de estorninos realizando piruetas en el cielo en forma de ballet anuncian el comienzo del otoño.
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Antes de que lleguen las primeras heladas otoñales que caen sin piedad sobre los árboles de hoja caduca, el cielo se convierte en una nube negra sincronizada. Una especie de ballet que vuela acompasado realizando piruetas y olas que algunas veces llegan a tapar el sol. Es uno de los primeros avisos otoñales de la naturaleza que nos brinda una belleza extraordinaria.

Son los estorninos que vuelan a miles en estas formaciones “pegados” unos individuos a otros sin increíblemente chocarse. Tal estrategia les sirve, entre otros aspectos, para defenderse de los predadores como el halcón que nunca se atreverá a cazar entrando en semejante nube volando a toda velocidad. También es una forma de ahorrar energía, pues su roce con el viento es mucho menor. Y si no tropiezan unos con otros es porque van avisando con sus potentes sonidos.

Ruidosos, chillones, escandalosos y buenos imitadores de otras aves, los estorninos caen como un torbellino sobre los sembrados, prados y árboles repletos de semillas y de bayas en busca de alimento. Es su comida otoñal preferida, mientras que a finales de primavera y verano suelen ingerir más insectos, gusanos y lombrices, que también les sirve para alimentar a las crías.

Acabadas casi las moras de zarza a estas alturas de temporada, es frecuente verlos comiendo bayas de saúco. Su sabiduría ancestral les lleva a devorar las bolas casi negras de esta planta a toda velocidad. Y es que según los expertos en botánica nutricionista el fruto del saúco cuando está maduro, es muy bueno para el corazón, ejerce de potente antioxidante y proporciona vitamina C, B1, B2, B3 y B7. Aunque los conocedores de estas bayas recomiendan no comer las semillas, esto no parece importar a los robustos estorninos.

Todas estas propiedades están indicadas para los humanos, aunque supongo que no serán muy distintas para los estorninos. Así tienen un cuerpo robusto a la vez que un pecho y unas alas poderosas.

Terror de los agricultores

Las grandes bandadas de estorninos son indicativo de la salud ambiental, nadie lo duda. Sin embargo, este pájaro compacto que a veces se confunde con el mirlo, es terrible cuando una horda se lanza hacia los frutos maduros de temporada como melocotones, manzanas, uvas… En poco tiempo su afilado pico agujerea miles y miles de frutas dejándolas completamente inservibles. De manera que causan en ocasiones enormes pérdidas. Y lo peor es que no es fácil combatirlos, a no ser que el agricultor contrate a un halconero que esté todo el día cuidando los frutales. Algo que resultaría muy costoso, con la particularidad de que se marcharían a otras plantaciones. Quizás puedan resultar algo beneficiosos porque también se alimentan de las grandes plagas de insectos e invertebrados

Se han utilizado muchas fórmulas para intentar espantarlos: sonidos de aves de presa, fuertes petardos, señuelos de búhos y águilas. Pero pronto se acostumbran y a los pocos días se “burlan” de las trampas.

Estos pajarracos negros son muy listos, e incluso son ellos los que desde los postes más altos vigilan a los agricultores cuando colocan los artilugios para espantarlos. Sí, son espabilados y pueden presumir de tener malas pulgas.

Tanto en la época de apareamiento en primavera, como cuando se desplazan a los enormes árboles que todavía quedan en las ciudades en busca de un mejor posadero para dormitar, se pelean sin ninguna piedad hacia el contrincante. De ahí, esa enorme algarabía antes del anochecer, amén de los cánticos e imitaciones a otras aves.

Cerca de casa, aquí en el pueblo, hay un macho que ha cogido como posadero una antena de televisión, e imita a una perdiz de forma increíble. Parece un macho de esta gallinácea delimitando su terreno. Si no fuese porque su voz es un poco menos potente y porque no es corriente que una perdiz de campo se pose en un tejado, se confundiría con la reina de la caza menor en España.

Ahuecan las tejas

Nunca fue tampoco un pájaro del agrado de los habitantes de los pueblos, pues el estornino suele anidar en los huecos que le proporciona la teja árabe. Y lo mismo lo hacen en el hueco del alero que debajo de una teja, levantando esta y causando alguna gotera. Además, como son tejados antiguos construidos con vigas y cabrios de madera, chilla y paja, esta última fenomenal aislante, les viene sensacional para construir el nido y depositar los huevos. Lo cierto es que el macho es el que se encarga de componer el nido, aunque no es de las aves que más se esmeran en esta tarea.

A pesar de que son más desconfiados que los gorriones, no hacen ascos a los granos de trigo que se les echan a las gallinas, así como a los excrementos de los animales para lo que no dudan en entrar en los corrales.

Se calcula que su esperanza de vida es de dos o tres años, pero como realizan al menos dos polladas de cuatro o cinco individuos no parece que esté en peligro su población. Y si alguien lo duda que le pregunten a los alcaldes de esas ciudades donde dormitan en los árboles de las plazas, convirtiendo el suelo en una pocilga y estropeando esculturas y otros pequeños edificios debido a la corrosión de sus excrementos.

Foto destacada: Bandada de estorninos. Autor: M. Rey (Creative commons)

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