Calle de un pueblo.

En mi pueblo hay muchas cosas

En el primer artículo de su blog "Raso y escarcha", el periodista Jenaro Iritia esboza los temas que tratará en esta nueva sección. La ilusión por escribir del pueblo y sus gentes inunda sus textos.
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Por fortuna he vivido en el pueblo desde 2011 hasta 2017 huyendo de la capital. Además de los años de mi infancia y parte de adolescencia. Nadie se puede imaginar la intensidad de mis vivencias con sus gentes y naturaleza en general en esta última etapa pueblerina. Y lo mejor ha sido el reencuentro con las personas, animales y cosas que hay en el pueblo, que son muchas.

Estoy hablando de una villa que estos años contaba en invierno con 12 habitantes, la mayoría jubilados y que en los años 60 del siglo pasado tenía más de 300. Estoy hablando de una localidad de ritmo cadencioso y apacible, solo perturbado por los estruendosos y armónicos cantos del ruiseñor por la noche y del tañido de las campanas del reloj.

Sí, en mi pueblo hay muchas cosas que no me voy a limitar a enumerar como hizo San Juan de la Cruz, cuando viajó con la familia de Fontiveros a Arévalo y los niños le preguntaban cómo era su pueblo. Es un ejercicio bellísimo del extraordinario escritor abulense José Jiménez Lozano en su obra “El Mudejarillo”, en el que llena varias páginas enumerando oficios, animales, árboles, construcciones… en boca del frailecillo.

De manera que voy a intentar describir el comportamiento de la naturaleza y sus protagonistas en estado puro. Quizás todo aquello que para el urbanita constituye una sorpresa, pero para el lugareño es algo común pero no siempre se ha detenido en la observación por sus quehaceres diarios. Todo descrito de forma sencilla para poder llegar a la belleza de una manera entendible, bonita y al ser posible divertida. Tampoco vamos a evitar la crítica cuando el ejercicio lo requiera.

O es que acaso nos hemos fijado con detenimiento en el rocío de la mañana, en la inteligencia del cuervo, en la cara dura del cuco, en los movimientos de los vencejos en las tormentas, en los trucos de la perdiz para defender su pollada cuando la sorprendes con ella en campo abierto, en los artes de Demetrio como trampero en sus años jóvenes…

En esta primera presentación advierto que no saben dónde se han metido los que mandan en este Diario al invitarme a escribir de mis vivencias en el pueblo. En los más de 30 años de periodista nada me ha hecho tanta ilusión como escribir del pueblo y sus gentes. Y no saben también lo que me alegro de que hayan sacado a la calle “la voz de los pueblos”, porque es la mejor manera de llegar a conocer sus virtudes, deficiencias y vida en general.

Creo que fue Miguel Delibes el que dijo que si él fuera Presidente del Gobierno prohibiría a los niños que vivieran en la ciudad antes de cumplir 15 años. Se refería a la libertad que te entra por los poros cuando vives en el pueblo. Pues eso.

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