Un joven en su huerta

En Babia

El autor reflexiona sobre el buzón de sostenibilidad de su Universidad ¿Tal vez sería más práctico un cajón para los huevos de las gallinas?
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El martes 2 de octubre recibo un correo de la Señora Vicerrectora de Responsabilidad Social de la Universidad en la que trabajo que dice así: 

Queridos compañeros:

La Universidad de La Rioja colabora con el Grupo de Trabajo «Sostenibilización Curricular» de la Comisión Sectorial CRUE-Sostenibilidad, que centra sus esfuerzos en introducir en los currículos universitarios competencias, contenidos, metodologías, sistemas de evaluación que permitan la toma de conciencia de los problemas socio-ambientales y en consecuencia, la búsqueda de soluciones y estrategias de acción para reducirlos o eliminarlos. Desde este grupo, se ha elaborado una encuesta referente al autodiagnóstico del profesorado en sostenibilización curricular. APROSOS. Os remito dicha encuesta y os animo a responderla en el siguiente enlace…(aquí viene el enlace que he quitado).

Antes de despedirse agradeciendo nuestra colaboración, nos recuerda que para más información hay “un buzón de sostenibilidad” cuyo enlace también nos copia.

¿Me darán incentivos, puntos, UMAS, créditos, caramelos … si les digo que soy hortelano además de profesor en su Universidad? ¿A dónde cojones vamos a llegar? (Observarán que desde que leí Memorias fritas de José Luis Cuerda todavía utilizo más, si cabe, esta palabra para enfatizar lo que quiero decir).

Escrito esto, conviene matizar, para aquellos que gustan coger el rábano por las hojas, que desde que era chaval me preocupa mucho el lugar en el que vivo y las personas con las que convivo, mis vecinos. Supongo que esto es lo que dicen que ahora tiene “problemas socio-ambientales”.

Quienes nos criamos en una “explotación familiar agraria” en los años sesenta cuando el DDT para matar a todo bicho viviente se exponía junto al jabón en las tiendas de ultramarinos y no había “cauces” para canalizar las propuestas y estrategias para que “la Pilar” quitara aquello de sus estanterías, no tardamos mucho, en incorporar a nuestros currículos, “competencias, contenidos, metodologías y sistemas de evaluación” que nos dotaron de un alto grado de concienciación tanto sobre el problema social que sufríamos, como del ambiental que pronto íbamos a tener que soportar. Y para colmo sin eliminar al escarabajo que sigue hoy, cincuenta años después, instalado cómodamente en mi huerta comiéndose las hojas de las patatas y de las berenjenas (estas le gustan mucho, parece).

No sé cómo se debería abordar esto en otras universidades ubicadas en sitios alejados del campo, de los agricultores, de los pueblos y de sus habitantes. Allí quizás sea necesario utilizar el lenguaje empleado en el correo recibido desde el Vicerrectorado y acudir a la plataforma correspondiente para autodiagnosticarse, no lo sé.

En la Universidad en la que trabajo, desde la ventana del aula veo las huertas del río Iregua, muchos de mis alumnos viven en un pueblo pequeño, sus padres o sus abuelos son o han sido agricultores o ganaderos (algunos incluso en Marruecos, Perú o Paquistán) y casi todos viven a caballo entre el pueblo y una pequeña ciudad de provincias como Logroño, Vitoria, Burgos…

A lo mejor hay que empezar por hablar con los alumnos aunque solo sea los lunes interesándonos por cómo les fue el fin de semana para descubrir lo que les preocupa de “los problemas socio-ambientales” y no dedicar parte de nuestro esfuerzo a aprender lo que hay detrás de esa palabra (qué ya lo exige solo para pronunciarla correctamente) “sostenibilización”.

Si soy capaz como profesor de “aprovechar” la enorme diversidad de culturas que conviven en el aula (haciendo por ejemplo que esa chica de origen chileno cuente en clase la conquista vista desde la otra orilla) y además estos chicos que están ahora “labrando” su currículo universitario, han tenido la suerte que tienen los alumnos de la escuela de Villamediana que trabajan su ecohuerto (como ya les conté en estos caracoles) y que esta semana han hecho un gallinero y han cogido su primer huevo, digo yo que habrán llegado a la Universidad muy concienciados sobre “los problemas socio-ambientales” y seguramente pensarán, como yo, que es mucho más práctico un cajón para que las gallinas pongan los huevos que “un buzón de sostenibilidad”.

Ahora bien, si no es así y efectivamente quienes realmente estamos en Babia en estas cosas tan serias somos los alumnos y yo, pues a lo dicho, a rellenar el aprosos ese para autodiagnosticarnos y a mirar lo que hay en el buzón, que no será un huevo. Eso seguro.

Emilio Barco, disfrutando del otoño en Alcanadre
30 de octubre de 2019

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