Lechugas, en un huerto en Tarazona (Zaragoza).

El huerto, fuente de salud

Los hortelanos de cierta edad recolectan productos ecológicos y muy ricos y mantienen una salud física y mental ejemplar.
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Ya comentábamos en estas páginas hace unos meses que nos parecía un desacierto que en el pasado “estado de alarma” y el consiguiente confinamiento por la Covid-19 se hubiera prohibido a las personas, en especial jubiladas, por ser las más activas en eso del cavar, a ir al huerto del pueblo a sembrar y recolectar sus productos ecológicos de autoconsumo. En pleno campo y solos con sus labores no sé a quién iban a contaminar.

Pero no solo porque las verduras, hortalizas, judías…  que obtienen con esmero sean más sanas; no solo porque son los portadores de unos conocimientos que ojalá pasen a otras generaciones, porque en este caso será garantía de que perdurará lo ecológico y muy rico en muchos rincones de España. Además, para muchas más familias de lo que se piensa no es una diversión; es una ayuda importante a su maltrecha economía, pues se embotan tomates, congelan judías verdes, se guardan patatas y legumbres para todo el año, etcétera. Eso sin contar con los productos de temporada.

No solo por todo esto, sino porque estoy convencido de que es la mejor manera de mantenerse en forma, al trabajar la mayoría de los músculos y ligamentos, además del corazón y los pulmones mediante el trabajo aeróbico, por ejemplo cavando o sembrando el huerto un par de horas cada día. En el anterior artículo ya tocábamos de refilón este aspecto tan importante para la salud de todos, en especial de los ancianos.

Ejercicio más sano

En muchos parques públicos de los pueblos de considerable población se puso de moda hace unos años colocar aparatos para que se ejercitaran los viejos. Y, créanme, cada vez que paso por uno de estos gimnasios al aire libre y observo a alguna persona utilizando uno de estos armatostes de hierro me parece patético. Pero no por la voluntad que le pone el atleta, sino porque necesitaría un especialista para indicarle la forma correcta de utilizar el aparato en cuestión.

El hortelano pueblerino realiza el ejercicio de una manera natural, sin proponérselo y así logra estar en forma y más sano, sin duda, que los que permanecen “aparranaos” en el sofá frente al televisor. Desde que pone un pie fuera de casa, el horticultor comienza a hacer ejercicio andando hasta el huerto. Una vez allí, dependiendo de la tarea; ya sea al cavar profundo, arrodillarse para sembrar, limpiar hierbas, rastrillar y allanar la tierra, profundizar los surcos, atar las judías a las varas, tutorar los tomates y cientos de tareas más, está trabajando prácticamente todos los músculos. Y no digamos si es diabético lo bien que le viene el ejercicio.

Cuando por ejemplo se pone en cuclillas a sembrar ejercita los tibiales, consiguiendo una elasticidad envidiable. Le invito amigo lector a que haga la siguiente prueba: póngase en cuclillas sin levantar los pies del suelo. Es decir, apoyando toda la planta del pie; y si es capaz de no caerse y logra dar con los glúteos detrás del tobillo, está usted preparado para comenzar las tareas del huerto y para andar con más soltura por la vida.

Pero no solo se refuerzan los tibiales. En las labores hortelanas se trabajan la mayoría de los músculos. Yo diría que hasta los ciliares.

Cuando uno agarra el azadón y se pone a cavar, la mayoría de los músculos más importantes de piernas y brazos, como el bíceps femoral, cuádriceps, bíceps y tríceps comienzan a coger eso que llamamos comúnmente tono muscular. Sin olvidar los abdominales, pectorales y lumbares. Por otra parte, las manos adquieren mucha más fuerza al tener que sujetar la azada. No me quiero extender más con tanto músculo, pero no cabe la menor duda que el “jubilata” hortelano está mucho más en forma que el que envida a la grande o canta las cuarenta al tute o al guiñote como único “ejercicio”. ¡Ojo! Que si tiene tiempo para compatibilizar las cartas con la azada, mejor que mejor.

Salud mental

El simple hecho de estar al día sobre el tiempo que va a venir o bien de los cultivos a mejorar la campaña que viene. Y, por supuesto, las alternancias en la siembra de las diferentes plantas y el pegar la hebra con el vecino de al lado sobre tal o cual tierra o qué simiente va mejor; al igual que las mejores horas y días para su siembra, ayuda y mucho a mantenerse activo y despierto.

Ni qué decir de la satisfacción de una buena cosecha gracias a los trucos y sabiduría adquirida tras muchos años cultivando el hortal. El buen hortelano lleva al detalle cada una de las labores a realizar cada planta por muy variada que sea. Y si por cualquier motivo esa temporada se da mal ya estudiará y compartirá con los vecinos el fracaso. En resumen, que el huerto le ocupa y, a la vez, le relaja reforzando su autoestima.

Observatorio de biodiversidad

El hortelano conoce a la perfección que si cuando cava la tierra encuentra muchas lombrices tiene garantizado un fertilizante natural de primera calidad, y así tendrá que recurrir menos a abonar con estiércol o con algún producto menos natural. Pero no solo cabe contemplar lo que sale de la tierra. Basta con observar a nuestro alrededor para evaluar si hemos ganado o perdido biodiversidad por nuestra zona de cultivo. Quizás la respuesta sea fácil y le acompañará un sí rotundo.

Aunque precisamente los huertos siguen siendo una gran despensa para roedores; aves como los pequeños zarceros, petirrojos, estorninos, entre otros, y mamíferos pequeños del estilo de la garduña, el tejón, la comadreja y la zorra. Estos últimos en busca de los roedores, que el año que son plaga se convierten en un verdadero quebradero de cabeza. Y por la noche no olvidemos al mochuelo, lechuza y autillo en busca de roedores, gusanos, babosas, y numerosos insectos.

Así es que ese jubilado es un privilegiado que evalúa año tras año con bastante precisión si la diversidad de plantas y animales sufre o no cambios importantes. De manera que desde estas líneas pido a los políticos que si entramos de nuevo en estado de alarma dejen libres a todas estas personas porque realizan una excelente labor y, además, no contaminan a nadie en su huerto. Y cuanto más anden por el campo menos posibilidad tienen de vivir en residencias.

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