Buitres leonados, en Monfragüe. Foto: EDR.

El buitre leonado es más listo de lo que pensamos

Ha aprendido a asociar el ruido de los disparos con el cadáver de un jabalí u otro animal de caza mayor muerto. De manera que en el sitio que más detonaciones escuche en alguna zona del monte en una cacería allí se presenta a devorar lo que sea.
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Son feos, cheposos, desgarbados y torpones cuando se posan en el suelo. Andan a pequeños saltos y huelen que apestan si te acercas a ellos o bien pasas al poco tiempo por el lugar donde se han dado un festín.

El buitre leonado se ha convertido ya en un clásico de nuestros cielos; visto por la mayoría de nosotros, pero poco conocido. Pocos lugares hay en España para aprender sus costumbres y deleitarse con su majestuoso vuelo como el Alto Tajo y alrededores, donde forma una enorme colonia que crece año tras año.

Pero lo curioso es que bajo ese aspecto de garrulo se esconde un ave muy lista que se está adaptando a los nuevos tiempos como pocas y que sigue creciendo en los ambientes más hostiles.

Uno de los secretos de que su población vaya en aumento es que no le hace ascos a ningún tipo de carne y de carroña y que al ingerirla no enferma por muy putrefacta que esté, pues posee una acidez muy fuerte en el estómago y dos tipos de bacterias que lo convierten en uno de los animales más fuertes de la tierra. De manera que sobreviven a cualquier germen que se traguen. Incluso dicen los científicos que son inmunes al ántrax, ese gas tóxico que mata a las personas.

Con estas credenciales, no es extraño que el leonado prospere en estas serranías y cantiles donde en pleno invierno pueden bajar las temperaturas hasta los 20 grados bajo cero. Es en esta época, en el mes de febrero, cuando macho y hembra se turnan en incubar un solo huevo la mayoría de las veces. Algunas parejas incuban dos.

Lo cierto es que pasó por un mal momento cuando la ganadería extensiva comenzó a desaparecer. Entonces se instalaron muladares, pero con la enfermedad de las vacas locas volvieron a pasarlo mal. Menos mal que al menos los meses que van de octubre a primeros de febrero, las monterías les proporcionan carne suficiente para su alimentación. En este sentido los cazadores realizan una excelente labor en la prosperidad de nuestro buitre más abundante.

Listo como el hambre

Nunca mejor dicho. Hace unos días he observado cómo este buitre localiza también los animales muertos por el oído. Me explico: se estaba celebrando una cacería de jabalíes y justo en el sitio de la mancha de monte donde más tiros se disparaban, allí aparecieron sobrevolando treinta o cuarenta carroñeros, mientras que se olvidaron de revisar con su prodigiosa vista otras zonas del monte.

Así que ya no asocian únicamente la caravana de todoterrenos rodando por una pista con una montería y la posibilidad de darse una pitanza. Ahora parece que han realizado un curso intensivo y saben que los sonoros disparos de los rifles les puede proporcionar una buena comilona. Y así es, pues un ejemplar adulto en forma puede ingerir hasta un kilo de carne en un minuto.

De hecho, el leonado ha pasado a ser un extraordinario competidor de los cazadores y no es porque cace ninguna pieza, si no porque puede dar cuenta de ella en una abrir y cerrar de ojos a poco que éstos se descuiden. En la cacería citada conté más de 100 ejemplares volando a poca altura, aunque poco a poco fueron buscando las corrientes de aire caliente y se elevaron volando en círculo hasta alcanzar la altitud óptima para emprender el viaje de regreso a sus apostaderos y lugares favoritos de los roquedos.

Quizás sepa que está protegido, porque como un cazador abata un jabalí a unos 40 metros de donde está apostado y no tenga cuidado, los osados buitres se lanzarán sin piedad sobre la carne. Tanto es así que en muchas ocasiones el cazador tiene que abandonar su puesto, avisando por la emisora, y acercarse al lado de la pieza para que los carroñeros no la devoren.

Los sanitarios del campo

Su función en el ecosistema es de suma importancia. Gracias al consumo de cadáveres evita que se contagien los mamíferos carroñeros y que estos propaguen enfermedades a las personas. Por otra parte, hasta la fecha ningún buitre de los cuatro que hay en España (leonado, negro, quebrantahuesos y alimoche, emigrante a África) ha contaminado al hombre.

Dado su tamaño de más de 2,50 metros de envergadura cuando vuela, y su peso, de 7 a 9 kilos, no tiene enemigos naturales en sus continuas salidas a explorar en busca de cadáveres. Además, cuando engulle una pieza se muestra especialmente violento con sus semejantes. Es decir, que comen los más poderosos y ninguna zorra o animal de menor talla osará acercarse a un cadáver cuando lo están devorando estos carroñeros. Así es que su labor de limpieza del campo se realiza de forma contundente y precisa, sin estorbos.

Son tan ansiosos que un amigo del pueblo tuvo que “desenredar” a un buitre que había metido la cabeza en el cráneo de un jabalí y no era capaz de sacarla. Se dio cuenta porque todos los otros ejemplares volaron menos este. Pues bien, tuvo que tirar de él con fuerza hasta que afortunadamente lo liberó.

Así es que deberíamos recapacitar cuando decimos eso de “eres un buitre”, aludiendo a una persona que se ceba con la desgracia de otra. Pues el leonado y los de su especie se limitan a zampar animales muertos.

Es precisamente a la hora de engullir cuando solo los he escuchado emitir algún sonido e incluso bufidos para amenazar a sus semejantes. En ninguna otra ocasión, ni siquiera volando, se manifiestan.

Por otra parte, los jóvenes alcanzan la madurez sexual en torno a los cinco años y es una de las aves más longevas de España, donde existe la mayor colonia de Europa. Y mientras otras especies sí tienen un olfato muy fino, nuestro sanador campestre carece de este sentido.

A la umbría

Mensajes rebuscados

Como todo sabemos, antes de celebrarse una montería, sea pequeña o grande, hay que colocar unos letreros en los sitios estratégicos de paso para que las personas tengan precaución y se den la vuelta. En el cartel debe de poner el día de la cacería, el tiempo que va a durar y la matrícula del coto. Hay que colocarlas con cuatro días de anticipación.

Pues bien, acaban de llegar unas “tablillas” que en lugar de poner como antaño “peligro montería” o algo así, ahora resulta que el texto se ha cambiado por el de “acción de caza”. Desde luego, al funcionario de turno no se le ha podido ocurrir semejante estupidez. Con lo sencillo que sería poner simplemente “cacería”, a no ser, claro, que este burócrata tenga alguna acción de caza en este coto.

Otra denominación que me pone negro es la de los forestales, conocidos ahora como agentes medioambientales. Con lo bonita que es la palabra forestal, que es como siempre se llamaron los cuidadores y vigilantes del monte.

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