¿De verdad solo nieva en Madrid?

Las consecuencias de nieve y heladas se hacen más patentes en el medio rural, a pesar de la saturación informativa sobre la capital.

Media España ha sufrido durante los últimos días el paso de la borrasca Filomena, dejándose notar en forma de nieve y bajas temperaturas. Las consecuencias del temporal han afectado a todo el país, pero, nuevamente aquí vemos un caso más de la gran desigualdad que se produce entre los pueblos y las ciudades.

Un año más volvemos a ser testigos de las típicas nevadas que habitualmente se producen por estas fechas en diferentes puntos de la geografía española. La bonita estampa de la nieve cubriendo el paisaje tiene, por el contrario, una serie de inconvenientes a los que tienen que hacer frente los habitantes de estas zonas. A los problemas de desplazamiento, causados por los cortes de algunas carreteras y la gran dificultad y el peligro de transitar por otras debido a las acumulaciones de nieve así como la presencia de placas de hielo en el asfalto, se le suman una serie de problemas dentro de los propios municipios.

Esta vez la diferencia respecto a otros años está en que las nevadas también han afectado a ciudades como Madrid, que no están preparadas para hacer frente a este tipo de adversidades. A pesar de ello, y a diferencia de cuando los problemas se producen en el medio rural, toda la atención nacional se ha dirigido a las ciudades. Desde equipos y recursos, como las máquinas quitanieves, además de los despliegues y materiales de la UME, hasta la atención mediática. Con horas y horas en los telediarios hablando sobre Madrid y sus alrededores mientras que pequeños pueblos y zonas rurales apenas recibían unos minutos de atención.

Si bien es cierto que el temporal ha originado problemas a lo largo de todo el país, es en las zonas rurales donde el efecto causado es mayor para sus habitantes. Los problemas de movilidad se producen en todos los lugares, pero los trabajos para paliar estas consecuencias, además de los efectos que estas causan son muy diferentes, quedando mucho peor parada la España rural. Es en los pequeños pueblos donde, en ocasiones, se producen cortes de luz, Internet o líneas telefónicas por culpa del temporal. Esto, unido a la dificultad de los desplazamientos hace que estos municipios queden aislados e incomunicados con el resto, entre otros, con municipios mayores o cabezas de comarca, que sirven a los pequeños como fuente de abastecimiento de los servicios básicos y bienes de primera necesidad.

Ante la falta de medios públicos, que generalmente son escasos, los vecinos de los pequeños municipios tienen que hacer frente por su cuenta a labores como la limpieza de las calles. Por otra parte, en situaciones como esta, los ciudadanos de la España rural se ven privados de los servicios básicos. Debido al mal estado de las carreteras por la presencia de hielo y nieve, para muchos jóvenes que tienen su centro educativo en localidades cercanas, asistir a clase les resulta imposible.

Además, la sanidad también se ve afectada, con anulaciones de las consultas médicas en los centros locales, debido a la dificultad que en numerosas ocasiones tienen los profesionales sanitarios para acudir a estos municipios. En este sentido, si a la supresión de los consultorios locales añadimos la imposibilidad de salir del municipio para desplazarse al centro médico más cercano, se produce un problema importante en caso de urgencia médica.

Los ganaderos al pie del cañón

A pesar de los beneficios que conllevan las nevadas para el campo así como para las actividades agrícolas, debido al aumento de las reservas hídricas, los trabajadores del sector también sufren una serie de consecuencias negativas que dificultan su labor. En especial son los ganaderos quienes se ven afectados en mayor medida por los efectos de estos temporales. A pesar de ello y de que su trabajo aumente notablemente por la situación, no pueden faltar a su puesto de trabajo, ya que los animales siguen teniendo necesidades.

Un bebedero para el ganado, congelado por las bajas temperaturas.

A las complicaciones en la movilidad, además del riesgo y la dificultad que tienen para desplazarse y acceder a los lugares en que se encuentra su ganado, hay que añadir otra serie de problemas a los que deben hacer frente. Se trata, principalmente, de la falta de comida y bebida para los animales. Cuando el manto de nieve cubre el campo, los pastos quedan tapados, por lo que los ganaderos se ven obligados a proporcionar el alimento correspondiente a sus animales, puesto que sin ello no podrían comer. Por otra parte, la nieve y las bajas temperaturas provocan que los abrevaderos se congelen, imposibilitando la bebida y obligando nuevamente a los ganaderos a suministrar agua a los animales.

En situaciones como esta, además del empeño y dedicación de los profesionales del campo, queda demostrada la solidaridad de los habitantes de las zonas rurales, que ante la falta de medios y el frecuente olvido por parte de la Administración, tienen que hacer frente por sus propios medios a los efectos del temporal. En este sentido, en muchos de los pueblos, ante la ausencia o escasa circulación de máquinas quitanieves, es la maquinaria particular de los agricultores y ganaderos la única que permite retirar la nieve y limpiar las calles para que los vecinos puedan salir de sus casas, lo que da lugar a que haya personas que en agradecimiento a su labor los califiquen como “la UME de nuestros pueblos”.

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