Cazador. Por Emmanuel Rodríguez. Creative commons

De cazador analógico a digital

Cada temporada se utilizan armas y utensilios más sofisticados para abatir las piezas. Algunos cazadores parecen francotiradores.
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El primerizo septiembre nos ha traído por estas latitudes de montaña las primeras heladas arrastradas por las de finales de agosto. Así que mis patatas tardías se han quedado marrones como el tabaco. Estaban en flor y uno tenía la esperanza de sacarlas a finales de octubre. Ya veremos lo que sale al final.

Septiembre también es el último mes del año para cazar el corzo a rececho en algunas comunidades autónomas, tras el paréntesis del mes de agosto. Un ungulado precioso que va en aumento, con muchos accidentes de tráfico por atropellos, y que se ha convertido casi en una competición en alcanzar el mejor trofeo de sus cuernos.

Lo peor es que para tal fin y también para la caza de otros animales, muchos cazadores se han lanzado al campo equipados con lo último en tecnología para poder errar lo menos posible en el disparo. Es decir que se han convertido en francotiradores de la fauna, en lugar de observadores de la naturaleza y cazadores con ciertos principios éticos.

Como dice el título de este artículo. Se han pasado de analógicos a digitales. Los hay que utilizan visores incorporados al rifle con telémetro incorporado, pero que también muestra de forma automática el punto de impacto corregido, teniendo en cuenta la distancia, presión del aire, la temperatura y el ángulo de disparo. Además permite utilizar el teléfono mediante una aplicación móvil con los datos balísticos personalizados.

Como en las películas

Si a esto añadimos que este “francotirador” lleva también un rifle a la última, un trípode para apoyarse, ropa de camuflaje que evita en parte el olor humano, y munición precisa para la pieza, ¡ay de aquel corzo que se ponga a tiro!, aunque sea a larga distancia. En algunas películas habrán visto cómo hay poca diferencia entre ese especialista que quiere asesinar al presidente y el flamante “cazador” actual con posibles.

Porque bien equipado con lo último, ese competidor de trofeos no sale por menos de 12.000 euros. Y lo peor es que en general se trata de un individuo poco experto en leer el campo, pero muy ansioso por salir en las revistas de caza. Además, tal personaje es muy dado a hablar de tal o cual lance como si fuera un maestro en la materia.

Comentábamos hace tiempo en estas páginas que ecologistas y políticos con cargos medioambientales, llamaban a algunos cazadores para eliminar cierta fauna invasora de otros países para que no se hibridara con la nuestra, con la autóctona. Pues bien, les aseguro que en España auténticos especialistas en disparos de precisión se pueden contar con los dedos de las manos.

Ese cazador humilde

Lo que me preocupa es la tendencia de hacerse cada temporada con armas y utensilios más sofisticados para matar, dando poca o casi nula ventaja a la pieza en cuestión. Esto sucede mucho más con la caza mayor que con la menor, aunque en esta última también se han potenciado munición y escopetas para disparar cartuchos más potentes y así abatir piezas a mayor distancia. Es lo que se llama cartuchos magnum y escopetas recamaradas para dispararlos, pues la escopeta de siempre, de toda la vida reventaría si se utilizaran este tipo de munición.

Recuerdo como si fuera hoy a aquel cazador vestido con mono azul y “visera-Caja Rural” , con su escopeta paralela con más años que él y su perro cruzado, pateando terrones por La Mancha conquense en busca de liebres y alguna perdiz si se daba el caso de que le saliera cerca y atinara a abatirla.

Un día cualquiera de principios de diciembre de hace 40 años, más o menos, me encontré con un cazador que estaba vendándose el dedo con un pañuelo tras haber disparado con su escopeta. Andaba despotricando en medio del campo, y cuando le pregunté por lo que le pasaba, me contestó que se le disparaban los dos cartuchos a la vez que tiraba solo de un gatillo y que la escopeta le daba mucho culatazo. Le pedí que me enseñara los cartuchos y me dijo que se los había conseguido un sobrino que tenía un amigo en la base americana de Torrejón. O sea que los cartuchos tan fuertes eran norteamericanos y, obviamente, inadecuados para dispararlos en una escopeta tan vieja.

Lo único que le pude aconsejar es que no los disparara más y que fuera a casa a curarse.

Mantener ciertos valores

No voy a ponerme en contra de ese cazador que ha mejorado su vestimenta y quizás también su arma, pero que mantiene cierta prudencia y el mismo se pone coto a su afición a cazar en el número de piezas y en su forma de abatirlas.

Recientemente observé un vídeo en una revista de caza, en el cual un joven tirador mataba un jabalí grande por la noche mientras el cochino se bañaba en su lodazal favorito. Tuvo que ir varias noches hasta que le vino bien el aire y el jabalí entró. Encima le disparó tumbado y por si acaso se le iba el bicho lo remató con otro tiro desde la torreta de espera. Me pregunto qué satisfacción puede tener nadie por tal “hazaña”. Bueno, sí, una: la de hacerse la foto sentado encima del jabalí con la boca abierta enseñando sus grandes colmillos y amoladeras. A la vez que verse inmortalizado en el vídeo publicado por alguna revista del sector.

Otra cosa es ayudar a los agricultores cuando las piaras de jabalíes, por ejemplo, les arrasan los cultivos de pipas de girasol. En este caso, le estás dando cierta ventaja al jabalí porque está más alerta y de paso le echas una mano a ese agricultor que aunque el coto le pague los daños, nunca le salen las cuentas por los enormes daños causados, sobre todo, por ciervos y cochinos.

Si a los daños agrícolas añadimos los accidentes producidos por los animales en las carreteras -cada día van a más- el problema es grave y convendría afrontarlo con más decisión por las Administraciones autonómica y estatal. Jabalíes, ciervos y corzos cada año se multiplican porque en casi toda España menos en Galicia y algunas provincias como León y Zamora no tienen enemigos naturales como puede ser el lobo.

En algunos casos que se ha pretendido buscar soluciones, ecologistas, animalistas y cazadores han terminado a la gresca. Todos parecen tener la “piel muy fina”. Mucho más delicada que la de ese jabalí que se embarra para evitar los picotazos de los mosquitos.

El tema de la sofisticación de los utensilios para la caza también debería entrar en debate, porque se me olvidaba que también se utilizan visores térmicos y convencionales para cazar los animales por la noche y cámaras para ver por donde pasan y así esperarlos a punto de mira de rifle.

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