Un rebaño pastando en el Alto Tajo. Autor: Joaquín Terán.

Caza y ganadería, ¿de verdad son compatibles?

Algunos alcaldes de pequeños municipios han encontrado en la caza una buena fuente de ingresos y se han olvidado de los beneficios de la ganadería extensiva, pero… ¿son compatibles?
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Me dicen que a un cabrero que pastaba su ganado en Armallones, localidad del Alto Tajo de extraordinaria belleza, el alcalde del pueblo lo ha “invitado” a largarse del término municipal porque los cazadores que tienen contratado el coto así se lo han pedido. Es decir, que ha apostado claramente por los euros que le aporta la caza frente a los de la ganadería extensiva.

Hace unos años, un grupo de cazadores, en otro pueblo cercano a Molina de Aragón, organizaban felices sus ganchos a jabalíes (pequeñas monterías), pero cuando se enteraron de que el ayuntamiento había vendido los pastos a un pastor de ovejas, hicieron fu como el gato.

Son solo dos ejemplos de las muchas disputas que se libran y han tenido lugar en diferentes pueblos serranos de Guadalajara, entre los ganaderos, alcaldes y cazadores. Lo curioso es que estos enfrentamientos son cosas de veinte años a esta parte, porque desde siempre ganadería extensiva y caza fueron compatibles. Es más, se complementaban de manera natural y casi perfecta.

¿Qué ha pasado para que caza y ganadería no puedan coexistir?

¿Qué ha pasado entonces? Pues que la caza mayor ha ido a más frente a la menor y esta primera se cotiza más. Y , sobre todo, por la “fiebre” que existe en la actualidad por la caza del corzo en busca del trofeo soñado.

Cazadores y gente de posibles han encontrado en esta zona, como en otras de Soria y Burgos, pueblos prácticamente despoblados con abundancia de corzos y con alcaldes que piensan que el dinero que recaudan por la caza de este precioso ungulado les ha caído del cielo. Y no es así, pues algunos de esos explotadores del coto, ávidos de tirar del gatillo, al no estar vigilados hacen lo que les viene en gana. Otros, en cambio, cumplen a rajatabla con las normas.

Como pagan, se creen que tienen licencia para montar y esperar a jabalíes en las bañas, colocar bolas de sal en puntos estratégicos para atraer a la fauna, esconder cámaras para controlar las diferentes especies, etc.

Esto último, también sirve para aquellos municipios que “venden” toda la caza al mejor postor. En este caso, ese señor que ha pagado religiosamente lo explota a conciencia y organiza tiradas de zorzales, caza de becadas y, por supuesto monterías de ciervos y jabalíes. Y, como he comentado antes, los hay respetuosos con una buena gestión de ese coto, pero también nos encontramos con desgarramantas, espabilados sin escrúpulos en sacar el mayor rendimiento al coto sin siquiera respetar los planes técnicos aprobados por el organismo competente de cada autonomía.

Convivencia entre ganaderos y cazadores

Parece ser que la mejor fórmula a la hora de vender la caza son esos pueblos que cuentan con vecinos aficionados y que desde hace más de 40 años explotan su propio coto de caza. En este caso y cuando se realiza el gancho, se avisa al ganadero para que recoja sus ejemplares durante unas horas, o bien lo pastoree por otro lado para que las jaurías de perros no dañen el ganado. De esta manera, no tiene por qué haber conflicto.

No obstante, el ganadero también tiene que poner su grano de arena en esta convivencia. Los hay que llevan perros mastines y careas para manejar el ganado. Pero también existen algunos que utilizan además perracos agalgados, que hacen mucho daño a las crías de caza mayor y a la menor.

En el caso de que los socios del coto municipal apuesten, por ejemplo, por vender el corzo para pagar todos los impuestos y el mantenimiento del coto, aquellos que se quedaron con la exclusiva en la caza del citado animal están constantemente vigilados por lo vecinos cazadores. Y tendrán cuidado a la hora de cometer algún desacato.

Esta fórmula también es muy buena, porque los agricultores también se implican al avisar a los cazadores del pueblo de los destrozos de la fauna mayor en sus cultivos de secano. De manera que se piden los correspondientes permisos para cazar esas piezas antes de que les dejen los sembrados de trigo o de pipas como un solar.

En este sentido, me gustaría enseñar a muchos anticaza lo poco que les cuesta a jabalíes, ciervos y corzos arruinar a cualquier agricultor a poco que se descuide. Los agricultores colaboran así en el control de las especies y en el excesivo número de ejemplares.

El imprescindible plan técnico de caza

Para los que no están familiarizados con este deporte, me parece oportuno aclarar que cualquier coto de caza que se precie está obligado a tener un Plan Técnico de Caza, que debe ser aprobado por el organismo correspondiente. Sin éste, no se puede cazar ni una mosca en todo el término municipal. Pero hay más: para abatir el corzo se necesitan precintos oficiales. Así que el cazador, una vez abatida la pieza, está obligado a colocar el precinto en el cuerno del animal.

De hecho, cuando se quiere vender el corzo ya no se habla de cuánta cantidad de ejemplares se puede cazar, sino de precintos.

En las comunidades autónomas más corceras, como Castilla y León y Castilla-La Mancha existe bastante descontento de los cotos en los últimos tiempos porque desde las administraciones comunitarias casi nunca les conceden los precintos que se piden. De esta manera, se está a las expensas del funcionario de turno y lo que se consigue es que aumente el número de corzos, y como consecuencia el número de cazadores furtivos. Pero esto será materia para otro artículo.

Ganaderos en peligro de extinción

La imagen de los rebaños de ganadería extensiva en esta zona de montaña del noreste de Guadalajara poco o nada se parece a aquellos más pequeños que yo recuerdo siendo un chaval a finales de los años 60. En Peñalén, por ejemplo, había veinte rebaños más o menos y cada pastor cerraba sus ovejas en su choza construida con piedra seca y teja de barro, enclavada casi siempre en un sitio al abrigo del monte.

Ahora, los pocos rebaños que se ven son bastante más numerosos y, en general, el pastor suele ser un extranjero con los conocimientos justos para manejar el ganado. Las ovejas se cierran en enormes naves con tejados de chapa o de Uralita y su control no es ni mucho menos tan bueno como antaño. Aún así, al dueño le salen los números.

Jesús y Javier, dos hermanos cabreros a punto de jubilarse, manejan un buen rebaño en Canales de Molina. No hace falta entender mucho para ver que mantienen sano y hermoso su ganado. Siempre tuvieron fama de excelentes pastores. Su ganadería convive con la caza y no han tenido problemas. No tienen herederos para tirar del ganado. Así que lo tendrán que vender. Su vida no ha sido fácil y lo que más me sorprendió fue lo siguiente: “Sabes que la leche nadie nos la compra por las cercanías y si estamos interesados en venderla nos tenemos que desplazar muchos kilómetros”.

Así es que ganaderos de este tipo deberíamos considerarlos como especies en peligro de extinción, con especial protección.

Por cierto, ¡ojalá nunca haya un incendio en Armallones! Pero si alguna vez comienza a arder el monte, seguro que el señor alcalde se acuerda sin remedio de que un día no dejó pastar y ramonear a las cabras.

Foto destacada: Un rebaño pastando en el Alto Tajo. Autor: Joaquín Terán.

4 comments

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    Raquel 24 enero, 2020 at 21:40 Responder

    Buenas tardes Jenaro. Es triste ver artículos escritos difamando lugares de manera gratuita sin informarse como es debido y enterrando así un poquito más al pueblo.
    Hay papeles en los q se ve el incumplimiento de este ganadero en cuestión.
    Armallones al igual que muchos otros pueblos de la zona está deseando acoger a ganadores, agricultores, artesanos, etc., a todo aquel que ayude a repoblar el pueblo, para ello suelen dar facilidades, pero no se admiten abusos, abusos como los que este ganadero a ocasionado, incumpliendo contratos, o los múltiples problemas de cara a las personas que allí residen o residían.
    Por otro lado, a mí parecer, gracias a cazadores sigue yendo cada semana gente al pueblo.
    Como en otros sitios, está caza lleva un riguroso reglamento y no porque algún sinvergüenza sea corrupto lo son los demás.

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    Peñaleno 25 enero, 2020 at 17:31 Responder

    Hola Jenaro,

    En primer lugar quisiera darte las gracias por compartir tu opinión sobre la compleja evolución de la caza y la ganadería en una región tan olvidada como es la Guadalajara rural alejada de Madrid.

    Conozco bien la zona, como delata mi nick. Mi familia se dedicó a la agricultura y la ganadería, y yo mismo fui cazador durante años.

    Con todo mi respeto, creo que la nostalgia por una época en la que nuestros pueblos estaban repletos de vida, y por un conocimiento hoy olvidado, el de quienes forjaron su carácter trabajando de sol a sol en una tierra dura, árida en verano y gélida en invierno, nubla tu objetividad.

    En los años 60 abundaban los rebaños en Peñalén, Poveda o Aragoncillo, y muchos otros pueblos de la provincia. También los huertos de regadío junto al Tajo y los cultivos de secano en los estepares. Sin embargo, olvidas que era un modelo propio de un pueblo paupérrimo, anclado en el pasado por una industrialización que no llegó, y una guerra civil seguida de una dictadura que frenaron su desarrollo, agricultura y ganadería de pura subsistencia en la mayoría de casos, una labor durísima en la que uno se iniciaba antes incluso que a la lectura. ¿Cuántos de aquellos rebaños peñalenos de los 60 fueron atendidos por menores de 10 años, a veces pasando, solos, noches enteras en sus parideras de piedra seca?

    Pero las generaciones nacidas precisamente en los 50, 60 y 70 evolucionaron muy rápido, fueron capaces de dar un salto secular y si de niños criaron cabras, la vida les brindó mejores oportunidades. La economía de los países desarrollados abandona progresivamente el sector primario para desarrollar la industria y los servicios.

    Hoy en día es una labor que pocos quieren hacer, aunque el hambre en el mundo es mucha y fuera de nuestras fronteras la necesidad todavía encuentra brazos que trabajen el campo, no importa si hay que varear olivos en Jaén o llevar rebaños en Castilla. Algunos fueron pastores en su tierra, otros han tenido que aprender, al menos lo básico.

    Lo que queda claro es que desde ese punto de partida, la economía rural de Guadalajara tenía que evolucionar. La caza, desde luego no una tradición en nuestra región, y menos como deporte, representa una forma rápida y relativamente sencilla de impulsar la economía local. Casi el equivalente a los bloques de pisos de baja calidad que rozan la arena de nuestro litoral. Un negocio chapucero, que además no tiene la fuerza necesaria para revertir el declive de la Guadalajara rural. Y eso sin querer abrir un frente nuevo, el de la ética, porque quien caza conoce de sobra las actividades furtivas de la zona, que sumadas todas, asustan. Sobre la caza legal no viene al caso mi opinión.

    Sin embargo Jenaro, siempre me he preguntado cómo serían hoy nuestros pueblos si hubiesen tenido la oportunidad de evolucionar de otra forma. Si, por ejemplo, una administración diferente de las tierras y los rebaños, basado en la división de tareas y la cooperación no habría mejorado la calidad de vida de sus habitantes, multiplicado su productividad, permitido la inversión, con su consiguiente modernización y mecanización, fortalecido su capacidad de negociación en el mercado, etc.

    Hoy por hoy, no puedo contar con mis manos las parcelas de tierra, o «piazos» como decía mi abuelo, que mi familia posee en la sierra. Tampoco importa, poco valen, esparcidos a kilómetros de distancia y confundidos con los que pertenecen a nuestros vecinos. El enorme esfuerzo que requiere trabajar esas diminutas parcelas alejadas entre sí no compensa su rendimiento. La República no logró cambiar el modelo de explotación de la tierra, aunque siendo justos lo cierto es que tampoco tuvo la oportunidad.

    Me despido con una nueva disculpa, porque he comenzado criticando tu nostalgia y he terminado aferrado a una utopía. Por más artículos como éste, y más voz para nuestros pueblos.

    Un saludo.

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    Beatriz 23 febrero, 2020 at 16:48 Responder

    Hola Jenaro, creo que deberías modificar la noticia.
    No es verídica, hay que saber el por qué no se quiere que esta familia no se les quiere volver a dejar pastar allí, en Armallones siempre ha habido ganado y ha sido compatible con la caza porque hasta hace unos pocos años así ha sido, con que te dieras unas vuelta por el campo te darías cuenta que tras pasar meses aún tienen cabras abandonadas en el campo, por no decir los problemas que han causado en el pueblo teniendo que intervenir la guardia civil varias veces, han incumplido el contrato en varios puntos, aparte de otras cosas que no voy a poner.
    A parte que la explotación ganadera la tienen en el Villar de corbeta que pertenece a zaorejas tiene dos sitios más donde ir. Dejar claro que si en esa noticia hay algún problema, no es el ganado.
    Un saludo y espero que contrastes la información.

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