Una carretera en la provincia de Teruel

Autobuses para vertebrar España

Más sostenible, más eficiente, más barato… La red de autobuses es básica para los habitantes de los pueblos, una red que necesita inversiones para mejorar.
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La movilidad es algo consustancial con el género humano. Y en las zonas rurales adquiere una importancia crucial. La población necesita desplazarse, ya sea para acceder a servicios que no existen en sus pueblos, ya sea por razones laborales o familiares o simplemente por ocio. Mucha gente utiliza el coche, pero hay otra mucha que utiliza el transporte público.

Desde que se le ha dado prioridad al tren de alta velocidad, el ferrocarril ha dejado de ser el medio de transporte público que cohesionaba los territorios, al haberse cerrado estaciones y suprimido líneas regionales/comarcales. Su lugar ha sido ocupado por el autobús.

La modernización de la flota de autobuses, junto a la mejora de las carreteras, lo convierte en un medio seguro y de coste asequible para amplias capas de la población, además de ser un medio eficiente en términos energéticos.

Contribuye a la lucha contra los efectos del cambio climático, ya que sus emisiones de CO2 son seis veces más bajas que las del automóvil, y consume tres veces menos combustible por km y viajero transportado. Es además un medio eficiente desde el punto de vista social, ya que transporta el doble de viajeros por km que el ferrocarril, y el triple que el avión.

En nuestro país, la red “Autobuses de España” presta un servicio público mediante 82 contratos de gestión de los operadores privados con la Administración General del Estado. Esta Red recoge viajeros en 4.377 paradas, repartidas entre 2.549 poblaciones pertenecientes a casi 2.000 municipios. La longitud total de líneas es de casi 75.000 kms (con una longitud media de 893 Km por concesión). La flota está formada por 1.179 autobuses (el 61% dispone de medidas de accesibilidad para las personas con discapacidad). El volumen global de viajeros transportados en 2018 fue de unos 30 millones, y la cifra de viajero-km durante ese año fue de más de 5 millones.

Me gusta viajar en autobús para desplazarme a pueblos o ciudades a los que no llega el tren o llega con horarios inapropiados, y lo hago en bastantes ocasiones. Comprendo que hay que cambiar el chip, y asimilar que se viaja a otro ritmo (slow-slow) y en condiciones diferentes a las habituales, tan frenéticas. Pero compensa, créanme. 

He comprobado a lo largo de los años la mejora que se ha producido en el servicio de autobús, tanto en puntualidad, como en comodidad y confort para los viajeros. A ello ha contribuido la competencia y la aparición de sistemas colaborativos de transporte (como el BlaBlaCar). El transporte en autobús es mejorable, pero hemos de reconocer que ha alcanzado un grado de confortabilidad tal, que le permite prestar un buen servicio a los ciudadanos.

El mundo del autobús

El mundo del autobús es, además, un mundo singular, distinto al de las estaciones ferroviarias, cada vez más parecidas a pequeños aeropuertos. Es otro país. En torno al autobús gira una variada configuración de grupos sociales: inmigrantes que se desplazan en sus habituales itinerarios en busca de empleo; trabajadores que residen en una determinada localidad y se desplazan a otra por razones laborales; estudiantes que van y vienen de la capital de la provincia a los pueblos donde residen; personas con menos recursos económicos para los que el alto coste del automóvil les resulta prohibitivo; personas discapacitadas que sólo tienen el autobús como medio accesible para desplazarse; personas de la tercera edad que ya no pueden o no se atreven a utilizar el automóvil…

Estos grupos forman el paisaje de una España rural que quiere continuar viviendo en sus pueblos, que ve en la movilidad un modo de mejorar sus condiciones de vida y que encuentra en el autobús el medio ideal para sus desplazamientos.

La red de autobuses cohesiona el mundo rural

Es por ello que la red de autobuses contribuye a que puedan interconectarse los municipios entre sí y, por ende, a que aumente la cohesión entre ellos. Por ese motivo, la potenciación y mejora de este sistema de transporte colectivo debería formar parte de los grandes ejes de actuación de los programas de desarrollo territorial, al ser, además, una pieza fundamental en la lucha contra la despoblación rural.

Hay un amplio margen de mejora en este campo de la movilidad sostenible en las zonas rurales, como relata Gonzalo de Ana en ecomovilidad.net. En lo que respecta al transporte en autobús, es indudable que se debe continuar mejorando en calidad, confort y seguridad, así como en aumentar la flota de autobuses y en mejorar la eficiencia del sistema de paradas (frecuencias de paso), para lo cual se están experimentando con éxito modelos como el «transporte a la demanda».

Muchas de esas innovaciones pueden hacerse desde la iniciativa privada, pero otras, que exigen mayor inversión, necesitan apoyo público para poder llevarlas a cabo. Es por eso el interés de incluir este eje del transporte sostenible en los programas europeos de desarrollo territorial financiados por los fondos estructurales (tales como el FEDER y el FEADER).

Ampliación del texto publicado originalmente por el autor en Diario Córdoba

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